Daniel Sotelsek

@dfedericos

Qué dicen los expertos…

What experts say…

Pension System reform; What the expert say about it

Because in the previous post i published i had several comments about the reform that experts have proposed; I would like to share a  brief technical summary of what is proposed in order to clarify the arguments regarding the debate.

La reforma del sistema de pensiones: que dicen los expertos   informesostenibilidadpensiones

Debido a que en el post anterior he tenido varios comentarios sobre la reforma que han propuestos los expertos: a continuación hago un breve resumen técnico de lo que proponen con el objetivo de clarificar los argumentos del debate.

La propuesta de los expertos es interesante, aunque puede no ser éste el momento económico propicio para implementarla. Plantean una especie de regla de ajuste de las pensiones que priorice la sostenibilidad del sistema, por lo que en lo inmediato generarían una reducción en los montos percibidos. Los ajustes a los haberes dejarían de tener una relación directa únicamente con el nivel de inflación, para pasar a ser función de los ingresos y gastos de la seguridad social. Sin embargo, los sabios mantienen varios de los parámetros de la regla sin definir, de forma que el efecto sobre el nivel de las pensiones actuales pueden postergarse en el tiempo.

El factor de sostenibilidad, es decir el porcentaje de variación de las pensiones en cada año, se compone de dos partes:

Factor de Equidad Intergeneracional (FEI)

Factor de Revalorización Anual (FRA).

El FEI busca que las condiciones de las pensiones sean iguales para todos los jubilados, con independencia de la cohorte demográfica a la que pertenezcan. En otras palabras, con el sistema actual, un pensionado que su jubiló hace 5 años cobra lo mismo que otro que lo hizo en condiciones idénticas, pero este mismo año. Sin embargo, como la expectativa de vida hoy es mayor que hace cinco años, entonces es esperable que el pensionado reciente termine recibiendo una compensación total mayor que el más antiguo.

Para evitar esta desigualdad, la propuesta de los expertos es ajustar la pensión inicial de los nuevos pensionados por un factor, el FEI, que resulta del cociente entre la esperanza de vida de los que han entrado en el sistema en un momento anterior y la esperanza de vida de los nuevos jubilados que entran en un momento posterior. En definitiva, cuanto más años se espera que se reciba la pensión, el monto por período será menor, de manera que todos reciban un monto total esperado idéntico. Así, con la expansión de la expectativa de vida, el monto percibido por mes se reduce. Esto permite proteger al sistema de pensiones de la incidencia sobre el mismo de la mayor longevidad de los futuros jubilados.

En todo caso esto desde el punto de vista filosófico nos llevaría a que las personas que viven menos de la esperanza de vida han tenido una menor pensión que aquellos que han sobrepasado la esperanza de vida y por que razón deben ser éstos (los que no llegan) los que paguen a los que se pasan de la media (los sabios se quedaron cortos pues para esto también podría haber una especie de fórmula de capitalización sombra que se liquida al momento de la muerte).

En concreto, su fórmula es la siguiente

Para comprenderlo mejor, utilicemos el mismo ejemplo de los expertos en el informe. Hay dos personas que se jubilan a los 65 años, pero uno lo hace en 2014 y otro en 2015. En 2014, la esperanza de vida a los 65 años, según el INE, es 20,27 (unos 20 años y tres meses). En 2015, se espera que la esperanza de vida a los 65 años aumente a 20,42 (20 años y cinco meses). De esta forma, la persona que se jubila en 2015 tiene una esperanza de cobrar dos meses más de jubilación que quien lo hace en 2014. Para evitar que el primero posea un beneficio mayor que el segundo, con igual esfuerzo durante su vida laboral, al jubilado de 2015 se le aplicará el FEI, que en este caso asciende a 0,9928 (20,27 dividido por 20,42). Así, suponiendo que el jubilado de 2014 se corresponda un haber de 1000 euros, al de 2015 le corresponderá uno de 992,8 euros. ¿Qué sucedería si en el 2016 la esperanza de vida aumenta a 21,5 años?: sencillamente se recibe la misma cantidad solo que al ser dividida en más tiempo se recibe menso mes a mes.

Más allá de la mayor o menor justicia del FEI, lo cierto es que genera un incentivo interesante de cara a sostenibilidad del sistema, que es la demora en el momento del retiro. En efecto, en caso de postergar la decisión de jubilarse, el futuro pensionado verá incrementar su haber por dos motivos: el primero, por los mayores aportes realizados; el segundo por la menor cantidad de años esperados de disfrute de la pensión.

Una aclaración que se realiza en el informe es que, si bien la aplicación del FEI da lugar a una pensión inicial que irá disminuyendo respecto a su base reguladora, esto no implica que la pensión inicial tenga que ir bajando a medida que va aumentando el número de años. Como consecuencia del crecimiento económico o de un aumento del número de años cotizados, la base reguladora sobre la que se calcula la pensión inicial podría conseguir incrementos superiores de lo que la hace disminuir el FEI. Pero lo cierto es que este factor genera una tendencia al deterioro de las pensiones percibidas por período. Ahora bien la buena noticia es que la gente vivirá más tiempo y esto también tiene que ver con el bienestar.

El otro factor de sostenibilidad, el FRA, es aún más complejo. Su objetivo es asegurar los potenciales riesgos demográficos asociados a la tasa de dependencia (el cociente entre pensionistas y cotizantes, ver gráfico 1), y los riesgos económicos de carácter estructural. La propuesta de los sabios al respecto es aplicar a todas las pensiones (existentes y nuevas) este otro factor, que sea función del crecimiento de los ingresos, del número de pensiones, del efecto sustitución (derivado de que los pensionistas que entran anualmente en el sistema lo hacen con pensiones distintas de los que salen), así como de la diferencia entre ingresos y gastos del sistema de pensiones.

Veamos esto con más detenimiento. El indicador que mejor y más claramente refleja todos los riesgos presupuestarios potenciales a los que se enfrenta un sistema de reparto es la diferencia entre sus ingresos (I) y el gasto total de prestaciones contributivas (G). Los ingresos del sistema (I) son resultado del producto del número de cotizantes (C) del sistema, por su base media de cotización (que representa un porcentaje del salario medio) y por el tipo medio de cotización. A estos ingresos por cotizaciones se añadirían las transferencias del Estado para completar pensiones mínimas, los intereses del Fondo de Reserva y otros ingresos que pudieran destinarse al sistema en el futuro. Los gastos (G) se pueden descomponer como el producto del número de pensiones (P) por la pensión media (pm). (esto por no contar que parte de esas transferencias se haen a su vez con préstamos que generar intereses y que se debería tener en cuenta la hora del cómputo pero los sabios de nuevo se quedan cortos)

Visto así, según los expertos, queda claro que la diferencia entre ingresos y gastos del sistema de pensiones públicas reflejará todos los cambios estructurales relevantes que se produzcan en las variables que caracterizan al sistema público de pensiones, tanto los demográficos como los económicos: los cambios en la tasa de dependencia, definida como el número de pensiones sobre cotizantes; los cambios en la tasa de paro, en la tasa de actividad y en los flujos migratorios que se reflejan en el número de cotizantes; los cambios en la productividad que se reflejan en los salarios, que a largo plazo tienden a aumentar a la par que la productividad; los cambios en el tipo impositivo de cotización y otros ingresos potenciales del sistema.

Entonces, de acuerdo al FRA, la tasa de crecimiento nominal (g), que se aplicaría a todas las pensiones en t+1, se calcularía de acuerdo con la fórmula siguiente:

pensiones1

en donde GI es la tasa de crecimiento de los ingresos, GP la tasa de crecimiento del número de pensiones y Gs el incremento de la pensión media debido al efecto sustitución, por las diferencias entre las altas y bajas del sistema.

El coeficiente α mide la velocidad a la que se corrigen los desequilibrios presupuestarios del sistema. El Comité de expertos propone que el valor de α esté entre 1/4 y 1/3. Por ejemplo, si α = 1/3, cada año se corregiría un tercio del desequilibrio existente entre ingresos y gastos. De este modo, en el primer año se corregiría 1/3 del desequilibrio inicial, quedando 2/3. El segundo año se  corregiría 1/3 de los 2/3 restantes, y el tercer año se corregiría 1/3 de los 4/9 restantes. En este ejemplo, pues, en tres años se habría corregido cerca de un 70% del desequilibrio inicial.

Dados estos valores de α, el término entre paréntesis en la fórmula indica que cuando el sistema se encuentre en superávit (I*>G*) las pensiones se revalorizarán por encima de la tasa de crecimiento de los ingresos, menos la de las pensiones y menos el efecto sustitución (GI – GP – Gs). Por el contrario, cuando se encuentre en déficit (I*<G*) las pensiones se revalorizarán por debajo de (GI – GP – Gs).

La barra (−) encima de las tasas de crecimiento indica que éstas se calculan como una media móvil aritmética. El asterisco (*) indica que los ingresos y gastos se calculan como una media móvil geométrica. Ambas medias se calculan teniendo en cuenta un número impar de años determinado (n) y se centran en t. Es decir considera los (n-1)/2 periodos anteriores y los (n-1)/2 periodos posteriores.

A la hora de elegir “n”, y de cara a suavizar el impacto del ciclo económico en la revalorización de las pensiones, los sabios creen conveniente considerar un total de 11 ó 13 años: 5 ó 6 años por delante y por detrás del año en el que se aplica. Argumenta que, teniendo en cuenta la duración media de los ciclos económicos en España durante las últimas décadas, esta elección del valor de “n” parece la más adecuada con la finalidad de evitar un comportamiento excesivamente procíclico del FRA.

En efecto, estos componentes se incluyen con el objetivo de garantizar el equilibrio presupuestario del sistema contributivo de la Seguridad Social, no en todos y cada uno de los períodos, sino a lo largo del ciclo económico. Así, aunque en los años de recesión o crisis pueda no darse dicho equilibrio, sí tiende a conseguirse a lo largo del ciclo gracias a los superávits que se alcancen en las fases expansivas. Se trata, pues, de evitar que la corrección tenga elevados efectos procíclicos. No obstante, más allá de que estos componentes minimizan el efecto procíclico, lo cierto es que la reforma vuelve al sistema más procíclico, ya que hasta ahora es acíclico, es decir que se mantiene en todos los períodos el poder adquisitivo de las pensiones. Esto sin lugar a dudas puede tener un costo en términos de estabilidad macroeconómica.

A medio y largo plazo, el Factor de Revalorización Anual garantizaría que el saldo presupuestario del sistema (I*-G*) converge a cero. Esto es así, justamente, porque los gastos se ven moderados cuando exceden a los ingresos, haciéndolo converger al equilibrio. En esta situación de equilibrio, donde I*=G*, el crecimiento nominal de la pensión media (GPm) vendría dado por la tasa de crecimiento calculada con el FRA (G) más el incremento de la pensión media debido al efecto sustitución (Gs).

pensiones 2

Finalmente, es conviene destacar que el FEI incide en el valor del FRA y sus efectos se contrapesan. Esto es ya que la reducción de la pensión inicial de los nuevos jubilados respecto a la base reguladora, debida a la aplicación del FEI, permite una mayor revalorización anual de la pensión media, redistribuyendo gasto en pensiones de los nuevos jubilados a los antiguos pensionistas. En otras palabras, si no se aplicara el FEI, la pensión inicial de los nuevos jubilados sería más alta, por lo que el gasto también sería más elevado, de manera que la aplicación del FRA resultaría en una subida menor de las pensiones.

En definitiva, la propuesta de los sabios es muy interesante, en tanto plantean una reforma que -de ser exitosa- aseguraría la sostenibilidad del sistema de pensiones, una cuenta pendiente que tarde o temprano se hará presente en economías envejecidas, como la española. Para ello, lograr el equilibrio es inevitable que las pensiones se vean reducidas, suponiendo que la retención al salario no pueda incrementarse. Asimismo, genera una trasparencia importante, especialmente de cara a la decisión del momento de retiro de las personas. Además, genera incentivo a mantenerse más tiempo activos en el mercado laboral, algo positivo para quienes pueden tomar esa decisión, pero no tan beneficiosa para los que no tienen esa posibilidad.

Una de las limitaciones se refiere al carácter cíclico del mecanismo. En momentos de auge, cuando el empleo crece, se generaría un superávit en el sistema, que en parte sería plasmado en mayores incrementos de los haberes. Por el contrario, en momentos de recesión, afloraría un déficit, y por tanto los montos percibidos se variarían en una menor proporción. Esto podría tener algunos efectos contraproducentes en términos de estabilidad macroeconómica.

Es posible que este comportamiento cíclico de la reforma se haya elaborado pensando en la política actual del gobierno nacional, tendiente a generar ajustes con el objetivo de equilibrar las cuentas públicas. Aquí radica el mayor de los problemas de la propuesta. Reducir en la actualidad a las pensiones, desestimulará aún más la demanda agregada, potenciando la recesión y la pérdida de puestos de trabajo. Así, el déficit del Sistema de pensiones se profundizará, siendo necesarios nuevos ajustes en los montos, que quedaría definidos en forma automática por la regla propuesta. Es posible que éste sea el motivo último de la reforma. También es probable que por este mismo motivo, el Comité de expertos, no quisiera definir los plazos de aplicación de la reforma ni la cantidad de años de duración del ciclo económico, utilizados para calcular los promedios de los ingresos y los gastos, con los que se ajustan los haberes. Así, por un lado, dejan conforme al gobierno, que conserva esa discrecionalidad. Por otro, conforman a los sabios que consideran que no es momento de reducir las pensiones.

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